la música suena estás viva, hay humo y alcohol
las paredes vibran, con el suelo y el techo. Mis piernas tiemblan, no distingo la profundidad. Necesito sentarme, pero ni siquiera se si estoy parada. Sigo caminando por inercia, la misma que me mantiene respirando, absurda; la misma por la que seguís viviendo, y vos por no querer ser otra persona, el mismo por el que que sigo suspirando.
sábado, 19 de diciembre de 2009
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