sábado, 26 de diciembre de 2009
Encontrémonos en Navidad, que las buenas son las peores.
solas un veinticinco, recorriendo las interminables escaleras que nos acercasen a la realidad de brownies y martini, lejos de nuestro heaven de cuerdas, encendedores, bananas, filtros y beatles, de armonicas y tormenta, del monoblock de las luces automáticas. Nos redescubriremos en ese limbo con las almas emparchadas, donde las paredes no transmiten más que polvo de ladrillo y las conversaciones que rebotan en el vacío, se desvanecen en el aire. Terminemos un veinticinco, con Pink Floyd revolviéndonos la cabeza, provocándonos lágrimas de rabia, de impotencia, de genialidad. Y es mejor no estar feliz, las mejores creaciones del hombre surgieron de las más terribles depresiones.
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