El domingo íbamos 15 iguales, quizás el último set.
El cansancio era insoportable, el sudor me empapaba y como buena liebre, tomé una siesta entre las flores.
El lunes hubo un saque inesperado,
mi brazo sucumbió ante la presión
15-30 abajo, solo un tirón, seguí..
El brazo se empezó a hinchar..
Todos vinieron a exponer teorías,
a intentar ayudar,
desde rituales a ungüentos herbales,
de baños de hielo a brasas de fuego,
amputaciones, tácticas de guerra, reglas de juego..
Todos aportaron y la teoría más viable era tirar la toalla,
pero nunca sucedió.
Me quedé ahí, con mi medalla plateada y mi brazo vendado, adolorida y algo confundida
Segunda, como siempre.
jueves, 22 de junio de 2017
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