lunes, 5 de abril de 2010

"Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el aire, girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor con el impulso. Yo describo y defino, y deseo esos ríos, ella los nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina. No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la retenga. Ese desorden que es su orden misterioso, esa bohemia del cuerpo y el alma que le abre de par en par las verdaderas puertas. Ah, dejame entrar, dejame ver algún día como ven tus ojos... Dejate caer golondrina, con esas filosas tijeras que cortan el cielo, arranca estos ojos que miran sin ver, pronto el orden mentido de estar solo y recobrar la suficiencia, la egociencia, la conciencia. Y con tanta ciencia inútil ansias de de que llueva aquí dentro, de que por fin empiece a llover, a oler a tierra, a cosas vivas... sí, por fin a cosas vivas"

cíclico, Rayuela tiene no fin.

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