domingo, 21 de marzo de 2010

"Tenés la cara redonda, como una luna.." Al espejo, como si nada. Y es que cuando se está medicado, uno pierde el control de la situación. Y así estabamos todos, si es que se puede decir así. La fiebre no me dejaba ver, tampoco me dejaba despegar los párpados, pero lo escuchaba todo, lo sentía todo. Golpes, suspiros, jadeos, pasos, conversaciones.. Y dolor. Mucho. Al cabo de dos horas, el delirio se convirtió en la estrella principal. La sensación de vacío se hizo general, y comencé a caer. De repente el vacío se hizo más grande, se perdieron las conversaciones junto con el dolor, pero la tristeza no tardó en llegar. Llanto, y nada más. Llanto de una hora, de nariz mojada y garganta adolorida. Abrí los ojos, seguía llorando, pero no era lo único que hacía. La fiebre se había convertido en transpiración y mi saliva en sangre. Me vi rodeada de nada. Estaba sola, como de costumbre, pero me envolvía el miedo. De un salto volví al comienzo.. "Secate la cara, querés. Y no me contestés más.. No te quiero escuchar, ni siquiera me quiero sentir, ni siquiera eso.."

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