Cuando la mandíbula se tensa constantemente,
cuando la cabeza corre más rápido que el tiempo,
cuando la verdad brota como sangre,
cuando las cosas son poco claras y demasiado extremas,
cuando se atribuyen proyecciones erróneas.
Ahí, el sueño es más liviano y débil.
El más mínimo botón cayendo
genera un cambio abismal.
Con los ojos como platos de cara al techo,
la cabeza pasa en limpio todo pensamiento,
tatuándolo a fuego innecesariamente.
Las piezas encajan a la perfección
Y ese nudo en la garganta
pasa de capuchino a horca
en milésimas de segundo.
lunes, 28 de agosto de 2017
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