martes, 19 de mayo de 2009

La noche de los feos

[...]
Nos sentamos, pedimos dos helados, y ella tuvo coraje (eso también me gustó) para sacar del bolso su espejito y arreglarse el pelo. Su lindo pelo.
-¿Qué está pensando?, -pregunté.
Ella guardó el espejo y sonrió. El pozo de la mejilla cambió de forma.
-Un lugar común,- dijo-Tal para cual.
Hablamos largamente. A la hora y media hubo que pedir dos cafés para justificar la prolongada permanencia. De pronto me di cuenta de que tanto ella como yo estábamos hablando con una franqueza tan hiriente que amenazaba traspasar la sinceridad y convertirse en un casi equivalente de la hipocresía. Decidí tirarme a fondo.
-Usted se siente excluida del mundo, ¿verdad?
-Sí, -dijo, todavía mirándome.-
-Usted admira a los hermosos, a los normales. Usted quisiera tener un rostro tan equilibrado como esa muchachita que está a su derecha, a pesar de que usted es inteligente, y ella, a juzgar por su risa, irremisiblemente estúpida.
-Sí.-Por primera vez no pudo sostener mi mirada.
-Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabe?, de que usted y yo lleguemos a algo.
-¿Algo cómo qué?
-Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Llámele como quiera, pero hay una posibilidad.
Ella frunció el ceño. No quería concebir esperanzas.
-Prométame no tomarme como un chiflado.
-Prometo.
-La posibilidad es meternos en la noche. En la noche íntegra. En lo oscuro total. ¿Me entiende?
-No.
-¡Tiene que entenderme! Lo oscuro total. Donde usted no me vea, donde yo no la vea. Su cuerpo es lindo, ¿no lo sabía?-Se sonrojó, y la hendidura de la mejilla se volvió súbitamente escarlata-Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca.
Levantó la cabeza y ahora sí me miró preguntándome, averiguando sobre mí, tratando desesperadamente de llegar a un diagnóstico.
-Vamos-dijo...
(Benedetti)

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